La última semana ha estado marcada por una escalada significativa de tensiones geopolíticas en Oriente Medio tras la campaña militar de Estados Unidos e Israel contra Irán. Como suele ocurrir en este tipo de episodios, los mercados financieros han reaccionado inicialmente con mayor volatilidad, subidas en los precios de la energía y una rotación hacia activos considerados refugio.
Este patrón no es nuevo. La literatura académica muestra que los shocks geopolíticos generan un aumento inmediato de la incertidumbre macroeconómica y financiera. Por ejemplo, uno de los indicadores más utilizados es el índice de riesgo geopolítico, desarrollado por Caldara e Iacoviello[1], que muestra que los episodios de tensión internacional tienden a coincidir con aumentos de volatilidad financiera, menor inversión y mayores riesgos a la baja para el crecimiento económico.
Sin embargo, la evidencia histórica también sugiere que la reacción inicial de los mercados suele ser más intensa que el impacto económico final, y que esa reacción negativa inicial suele revertirse en menos de 1 mes[2],[3].
El canal económico clave: energía
El principal canal de transmisión de la actual crisis hacia la economía global es el energético. Oriente Medio continúa siendo una región crítica para el suministro mundial de petróleo, gas natural licuado y productos petroquímicos. En particular, el comercio energético que transita por el Estrecho de Ormuz representa una parte sustancial del suministro energético mundial. Cualquier interrupción relevante en esta zona puede generar rápidamente presiones alcistas en los precios del petróleo y del gas, con efectos directos sobre la inflación y el crecimiento económico global.
Impacto regional
El impacto económico de este tipo de shock no es homogéneo. Las economías asiáticas altamente dependientes de importaciones energéticas del Golfo —como Japón, Corea del Sur, India o China— serían probablemente las más expuestas a una disrupción prolongada del comercio energético. Europa también podría verse afectada a través del mercado global del gas natural licuado. Estados Unidos presenta una menor vulnerabilidad directa gracias al crecimiento de su producción energética doméstica en la última década.
Activos financieros: ganadores y perdedores
En episodios anteriores de elevadas tensiones geopolíticas, como las actuales, hemos asistido a un movimiento inicial de caída de activos de riesgo, en particular la renta variable, y a un incremento de valor de los activos refugio, como puede ser la deuda pública, el oro o el dólar. Aun así, esta primera reacción se suele revertir en media en menos de un mes, aunque en ocasiones de disrupción profunda los efectos pueden perdurar por un periodo más largo. Por ejemplo, cuando Irak invadió Kuwait en 1990 la renta variable tardó más de 6 meses en recuperarse. En general, los mercados emergentes sufren más que los desarrollados, pero eso también dependerá de la zona del globo y tipo de disrupción causada.
También vemos divergencias significativas entre sectores. Los sectores relacionados con energía y defensa suelen beneficiarse en estos entornos debido al aumento de los precios de las materias primas y al incremento del gasto militar. Por el contrario, sectores intensivos en energía —como aerolíneas, transporte o industria química— suelen verse presionados por el aumento de los costes operativos.
Por último, conviene señalar que, en un entorno de subidas de precio de petróleo sostenidas en el tiempo, como puede ser el actual, la deuda pública no nos sirve como activo refugio ya que las expectativas de mayor inflación a medio plazo podrán llevar a una caída de su valor dada la posible subida de tipos de interés por parte de los bancos centrales si eso pasara.
Escenarios posibles
Escenario 1: Contención del conflicto
Las operaciones militares permanecen limitadas y no se producen interrupciones relevantes del comercio energético. El aumento inicial de volatilidad tendería a moderarse en cuestión de semanas.
Escenario 2: Conflicto prolongado con impacto moderado
Las tensiones geopolíticas se mantienen durante varios meses, pero sin una disrupción significativa del suministro energético. Los mercados financieros suelen adaptarse relativamente rápido a este tipo de entornos.
Escenario 3: Disrupción energética significativa
Una interrupción prolongada del tráfico energético en el Golfo Pérsico podría generar un aumento sostenido de los precios del petróleo y del gas, presiones inflacionistas globales y menor crecimiento económico. En el peor de los casos, esto podría generar un entorno recesivo, lo que provocaría una corrección más profunda en los activos de riesgo.
De estos tres escenarios creemos que el último, aunque sea el más disruptivo, es el que tiene menor probabilidad de producirse. Principalmente, no vemos que el actual conflicto puede generar una recesión global.
Conclusión
Aunque la escalada geopolítica introduce un elemento adicional de incertidumbre, la experiencia histórica sugiere que los mercados financieros tienden a absorber este tipo de shocks relativamente rápido, siempre que no se traduzcan en disrupciones económicas estructurales. En consecuencia, aunque la volatilidad puede aumentar en el corto plazo, los activos de riesgo suelen recuperar terreno a medio plazo una vez que el alcance económico del conflicto se clarifica.
En el caso específico del conflicto actual, esperaríamos que el mercado estadounidense de renta variable fuera el menos afectado, ya que Estados Unidos es un exportador neto de productos energéticos. Por otro lado, dada la subida de precios de petróleo, creemos que podríamos ver todavía nuevas caídas en renta fija en el corto plazo con los mercados incorporando expectativas de inflación algo más elevadas para los próximos meses.
Desde el punto de vista del posicionamiento de nuestras carteras, creemos además que nuestros fondos se encuentran razonablemente bien preparados para navegar un entorno como el actual. En renta fija, mantenemos una duración inferior a la del benchmark, lo que debería contribuir positivamente en un escenario en el que un posible repunte sostenido de los precios de la energía pueda mantener ciertas presiones inflacionistas y limitar el comportamiento de la deuda pública como activo refugio. En renta variable, nuestra exposición sectorial también resulta relativamente favorable en este contexto, con una presencia relevante en sectores financieros, industriales —incluyendo compañías vinculadas al incremento del gasto en defensa— y materiales, que históricamente han mostrado un comportamiento relativo más sólido en episodios de tensiones geopolíticas y repuntes de materias primas. En conjunto, consideramos que el posicionamiento actual de las carteras nos permite afrontar este entorno de mayor incertidumbre con una base relativamente sólida, manteniendo al mismo tiempo nuestra visión constructiva sobre el comportamiento de los activos de riesgo a lo largo de 2026.
Loreto Inversiones SGIIC. Marzo 2026
Departamento de Inversiones.
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[1] Caldara, D., & Iacoviello, M. (2022). Measuring Geopolitical Risk. American Economic Review.
[2] Guidolin, M., & La Ferrara, E. (2010). The Economic Effects of Violent Conflict: Evidence from Asset Market Reactions
[3] International Monetary Fund (2025). Global Financial Stability Report – Geopolitical Risk chapter.